Desarrollo de la resiliencia

El objetivo de cada padre es ayudar a su hijo a desarrollar resiliencia. Los niños se convierten en adultos felices y saludables que tienen las herramientas para sobresalir en el trabajo y el hogar y estar preparados para enfrentar los desafíos inevitables con resiliencia.

La resiliencia es la capacidad de recuperarse y superar los contratiempos o las dificultades. Las personas resilientes ven los desafíos como oportunidades. Enseñar a los niños cómo ser resilientes es fundamental, porque se puede aprender y mejorar a lo largo de toda la vida, especialmente con el apoyo de un adulto cariñoso y afectuoso.

Consejos para criar niños resilientes

  • Permita que los niños cometan errores y ayúdelos a encontrar una solución. Evite precipitarse y resolver el problema usted mismo. Los niños desarrollarán un sentido de logro cuando tengan éxito.
  • El “fracaso” puede promover la tenacidad. Elogie el esfuerzo en lugar de los resultados finales para ayudar a los niños a aprender la capacidad de “mantenerse firmes” y superar el hecho de no obtener un premio. Deje que los niños superen la adversidad con su apoyo para generar confianza en su capacidad para enfrentar los desafíos.
  • Cree conexiones con otros o un sistema de apoyo con el que sus hijos puedan contar en tiempos difíciles. Niños o adultos, todos necesitamos a alguien que nos diga que “todo está bien” cuando las cosas se ponen difíciles. Escuchar activamente haciendo contacto visual, dejar a un lado las distracciones como teléfonos o computadoras, y simplemente estar accesible y disponible crea vínculos duraderos. Las cenas familiares, las tradiciones y la diversión juntos fortalecen los lazos familiares. Las relaciones fuera de la familia (por ejemplo, en la iglesia y la escuela) ofrecen otras vías para sentirse conectados.
  • Ayude a los niños a aprender a hacer frente a las adversidades a través de conversaciones, relajación activa o ejercicio. Como padres, somos importantes modelos a seguir. En lugar de volver a casa enojado y quejándose después de un día difícil, intente decir: “Tuve un día horrible. ¿Puedes darme un abrazo que me haga sentir mejor?” o “Estoy muy estresado en el trabajo. Creo que voy a dar un paseo para calmarme”.

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